Vie. Jun 21st, 2024

La educación o es antifascista o no es educación. Pero no sólo caras las elecciones del 23 de julio, donde España juega a rescatar el fascismo neoliberal de la memoria desfavorable o los avances en democracia e igualdad, hasta más allá del 23J, cara al futuro de muchos jóvenes que construirán la sociedad del mañana. .

Educar en la diversidad, la igualdad, la inclusión, la democracia, la justicia social y los derechos humanos es educar en el antifascismo. No hay neutralidad de heno posible. Educar en el antifascismo es educar en la diversidad, la igualdad, la inclusión, la justicia social y los derechos humanos. Sin concesiones ni medias tintes.

Porque para ser demócrata hay que ser antifascista. Es un principio fundamental que hasta hace poco tiempo fue piedra angular en la construcción de la Europa actual, entre la barbarie fascista de los últimos tres años y el genocidio que cometió. Mientras otras democracias europeas se basan sobriamente en el paradigma del antifascismo, la española lo ha basado sobriamente en la «superación» del pasado, el legado del fascismo franquista que sobrevivía en las instituciones y que ahora se ha extendido como una plaga sobre la sociedad y que impregna a nuestros jóvenes.

A partir del 24 de julio tenemos dos deberes urgentes e imprescindibles como sociedad. La primera, planarnos cómo ha sido posible ese discurso de odio y exaltación de la barbarie destinado a levantarse de sus tumbas que la ultratraderecha y la extrema derecha han extendido por Europa y que ha conseguido que en España muchos jóvenes puedan considerar que se trata de una opción política pero puedes defenderte y votar. La segunda, debemos decidir cómo encaminar el sistema educativo de nuestro país para erradicar la nueva plaga, como dirá el filósofo Albert Camus, esta enfermedad política con su epicentro marcado por el odio que corroe una democracia vulnerable y frágil. encima de la novela Plaga recordaba que esa plaga “nunca die o vasaparece para siempre; puede permanecer dormida durante años, hasta que vuelvas a aparecer en otro momento”.

La pregunta que nos tenemos que hacer es que nos educaron los últimos 20 años para que tantos jóvenes se declararan votantes o simpatizantes del fascismo. Quizá hemos estado demasiado ocupado formalmente por el profesor en estrategia de gamificación, conciencia, bilingüismo y habilidades digitales, o enfrascados en cómo enseñar a resolver raíces raíces y ecuaciones de segundo grado, o cómo hacer análisis sintácticos, desarrollar arte sin compromiso crítico o historia sin memoria. Asistamos impasibles, mirando para otro lado, como privatizamos la educación, mantenemos el adoctrinamiento nacional-católico con la religión o reducimos el financiamiento de la educación pública, destinando los presupuestos educativos a mentar el gas militar, que duplicó el aumento de la educación en 2022 .

Como recuerda el padre del liberalismo conservador británico, Edmund Burke: para que el mal triunfe solo es necesario que las personas buenas no hagan nada

Como dijo Martin Luther King, “tenderemos a apentirnos en esta generación no solo por las bocas y acciones llenas de odio de la gente mala, hasta el silencio expansivo de la gente buena”, que miran para otro lado ante el ascenso del fascismo. . Como recuerda el padre del liberalismo conservador británico, Edmund Burke: para que el mal triunfe solo es necesario que las personas buenas no hagan nada.

José Luis Martín Descalzo, en su obra Una fábrica de monstruos educativos, explicó cómo un ex empleado del campo de concentración de Dachau, maestro de escuela, comentó que aquellas cámaras de gas habían sido construidas por ingenieros especialistas, que las inyecciones letales las ponían médicos o enfermeros titulados, que niños recién nacidos eran asfixiados por asistentes son competentes estructuras de salud, que mujeres y niños han sido fusionados por personas con estudios, por médicos y licenciados. Y concluyó: como yo sé esto, sospecho de la educación que estamos impartiendo.

No hay conocimiento útil si no contamos con las mejores personas y la mejor sociedad, más justa y solidaria con los que conviven y con el planeta en el que vivimos. No podemos seguir siendo “indiferentes” u “obedientes” ante un modelo social, económico, ideológico, político y educativo que justifica y conduce a la disigualdad, la insolidaridad y el bruto egoísmo, el saqueo del bien común, el ecocidio del planeta, el machismo, odio, intolerancia y fascismo. La verdadera munición de este modelo no son solo balas de goma o gases lacrimógenos; Es nuestro silencio y nuestra indiferencia cómplice.

La comunidad educativa no puede permanecer inocente o indiferente ante la barbarie. Tenemos que dar a entender que tenemos que fracasar, como diría el poeta, en atacar esta enfermedade política que corroe una democracia vulnerable y frágil y que, aunque sabemos que nunca podrá ser erradicada por completo sin la superación de los sistemas capitalistas sistema, como argumenta el filósofo Walter Benjamin o el dramaturgo Bertolt Brecht, debemos, mientras tanto, contener de forma constante y tenaz. Y el antídoto más poderoso contra la barbarie de este neofascismo que se propaga como un virus por Europa y España es la educación. Una educación para la buena comunidad frente al odio, el racismo, la intolerancia y el amor a la democracia.

Es urgente y crucial pactar un pacto social por una educación desde una pedagogía antifascista

Lucio Anneo Séneca, en el siglo IV antes de nuestra era, afirmaba: “no nos atrevemos a hacer muchas cosas porque aseguramos que son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”. Tenemos que atrevernos a sonar. Our jugamos el futuro de nuestros hijos e hijas, y el de la sociedad en su conjunto.

En definitiva, es urgente y crucial pactar un pacto social por un sistema educativo de pedagogía antifascista, pero la educación debe ser consecuente con el modelo de sociedad que se pretende construir, se decida, que ésta sea más justa, justa, solidaria, ecológica, feminista, inclusiva y feliz. Aunando esfuerzos y compartiendo propuestas e iniciativas que sean una alternativa a las políticas del neofascismo, que suponen el más grave ataque a la educación pública tras la transición, retrotrayéndonos al modelo de escuela y sociedad franquista y decimonónica. Es fundamental seguir, dando pasos decididos hacia, un modelo educativo que contribuya a la construcción de una ciudadanía sabia, crítica y consciente, que contribuya a hacer un mundo más justo y mejor, sin dejar a nadie atrás, así como a la educación. de personas más iguales, más libres, más críticas, más ecofeministas y más creativas.

Por eso, insisto una vez más, como comunidad educativa, debemos comprometernos más del 23J a educar a las nuevas generaciones en la igualdad, en la inclusión, en la Justicia social, en la buena comunidad y en los derechos humanos desde una pedagogía claramente antifascista. Sin concesiones ni medias tintes. No se puede ser democrata sin ser antifascista.

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