Mar. May 21st, 2024
Carmen Flores Cayuela, investigadora del grupo Hidráulica y Riegos de la Universidad de Córdoba y Tic4bio, muestra una aplicación móvil para el control del agua de riego junto a uno de los sensores instalados en Cortijo El Puerto de la localidad sevillana de Lora del Río.Raúl Limón Gallardo

La solución a la escasez de agua pasa, principalmente, por recuperar el régimen de lluvias con la reversión, hasta ahora infructuosa, del cambio climático; reducir el consumo, algo que las previsiones no contemplan; y optimizar la gestión de los usos para evitar que se pierda entre el 20% y el 50% de los recursos existentes. En el último frente, la tecnología es una herramienta fundamental. Investigadores de todos los ámbitos desarrollan soluciones para evitar malgastar un bien sin el que la vida es imposible.

Carmen Flores Cayuela es investigadora del grupo Hidráulica y Riegos de la Universidad de Córdoba y forma parte de Tic4bio, una plataforma digital financiada con fondos europeos y de la Junta de Andalucía para optimizar el uso del agua y mejorar la biodiversidad en el campo, donde se consume el 80% de los recursos hídricos. Cualquier porcentaje de mejora en este ámbito es fundamental por su extraordinario peso en el consumo global. “Se puede ahorrar hasta un 20% y, además, se gana en eficacia porque se aprovecha el 100% de la que se use”, asegura la investigadora en la finca sevillana Cortijo El Puerto, donde han instalado su red de sensores.

Este entramado de receptores a distintas profundidades actúa a modo de terminaciones nerviosas de la epidermis de la tierra. Se ha instalado uno por cada 10 hectáreas (24 en total) y su coste por unidad ronda los 1.000 euros. “Nos dicen la disponibilidad de agua, la humedad y la recomendación de riego”, explica Flores mientras muestra la aplicación móvil, desarrollada por Dacartec donde se reflejan los resultados de los datos recopilados. Además, a partir de información cargada manualmente y con ayuda de un buscador por imágenes, calcula los índices básicos de biodiversidad para prever plagas y combatirlas de forma ecológica.

Un grupo de la Diputación de Sevilla, en la línea de lavado de la almazara de Cortijo El Puerto, donde un sensor monitoriza el caudal de agua.
Un grupo de la Diputación de Sevilla, en la línea de lavado de la almazara de Cortijo El Puerto, donde un sensor monitoriza el caudal de agua.

La industria es el siguiente gran consumidor de agua. Enrique de la Torre Liébana, es consejero delegado de Ingeoliva, la empresa familiar propietaria de la finca y productora de aceite ecológico. Su dimensionada almazara reproduce el esquema aplicado en el campo: un sensor por cada proceso crítico. Monitorizan el caudal por segundo utilizado para el lavado del fruto, para el tratamiento del zumo y para la limpieza de todas las instalaciones. Lleva dos años en el proyecto, en el que participa la asociación profesional española de la producción ecológica Ecovalia, con el fin de determinar la huella del agua, el volumen necesario para producir.

“El objetivo es no solo conocer el recurso necesario por cada proceso sino también identificar los puntos de mejora para llegar al mínimo posible”, explica De la Torre, quien asegura que la inversión merece la pena. “No es cuestión de rentabilidad sino de satisfacción personal, de compromiso con el medio ambiente. Eso no tiene precio”, afirma tras reconocer que el rendimiento en este tipo de explotaciones es menor que en las intensivas. “Eso repercute en el precio, pero el consumidor, si está formado, está dispuesto a pagar un poco más”, asegura. El ahorro de agua que esperan alcanzar es del 50%.

Luis Babiano, gerente de la asociación de operadores públicos de agua Aeopas, defiende la importancia de todos los frentes, en especial en España, “donde los recursos disponibles son insuficientes y los que hay han sido explotados hasta su extenuación”. “Priorizar su gestión eficaz es imprescindible”, añade.

En esta partida donde el triunfo es el agua se incluye el tercer gran consumidor: el núcleo urbano. “En algunas de nuestras grandes ciudades se pierde por fugas más del 20% del agua distribuida por la red y en algunas zonas rurales se llega al 50%”, afirma Babiano. “Tampoco es aceptable que, en la costa, donde la actividad turística acelera la demanda, no se reutilice toda el agua depurada”, añade como ejemplo para aplicar la tecnología en la gestión del agua.

Babiano defiende la digitalización de los procesos de distribución. “Es paradójico que con la tecnología existente no tengamos la información completa sobre el ciclo del agua, las pérdidas por fugas, roturas o filtraciones o que el consumidor no sepa lo que gasta a diario”, comenta.

Ramón Gonzáles Carvajal es catedrático de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Sevilla y ha participado en la elaboración la Guía para la digitalización de los usos del agua, un recurso gratuito promovido por Aeopas y Premio de Investigación del Consejo Económico y Social de Andalucía.

Un operario de Emasesa instala un contador digital con telelectura.
Un operario de Emasesa instala un contador digital con telelectura.Emasesa

Asegura que en abastecimiento urbano se sabe “más o menos” dónde se pierde el agua, aunque admite que la situación es desigual: “Hay muchísimos municipios que no saben dónde están las tuberías, que nunca han levantado un plano de las mismas y no saben la antigüedad de la red”. “El problema”, añade, “es que a arreglarlo es muy difícil porque implica una inversión gigantesca. La teoría dice que se debería renovar el 2% de las redes al año”.

En el campo, donde más se gasta, la situación empeora. “Unas tuberías de regadío pueden tener todas las pérdidas y no se sabe porque nadie te factura el agua que se vierte. Se sabe lo que se capta, pero no se sabe lo que se pierde porque no hay un instrumento de medida. Aunque hay comunidades de regantes tremendamente tecnificada, no son la mayoría”, explica el ingeniero.

Otros usos

La tecnología no es solo una vía de ahorro para operadores y usuarios, que pueden seguir el consumo diario y detectar fallos en la red o distinguir entre fuga y fraude. También puede servir como indicador predictivo de demanda para tomar decisiones o promover campañas de ahorro e incluso ser un salvavidas. Ya existen, según explica González Carvajal, cámaras multiespectrales que procesan el espectro de la luz en el agua y sirven para predecir cuándo el suministro se volverá inadecuado para consumo. Y también pueden servir para que los servicios sociales puedan tener monitorizado, bajo su consentimiento, a los colectivos vulnerables.

Los contadores disponen, por un coste de unos 150 euros, de la tecnología suficiente para garantizar una vida útil de 12 años con suministro de información en tiempo real de todo el ciclo del agua. El coste mensual sería de poco más de un euro. La Guía para la digitalización facilita la elección, compra y manejo de esa tecnología y los datos que aporta.

Para grandes empresas, la inversión es rentable. En la empresa de abastecimiento de Sevilla Emasesa ha llegado a registrar solo pérdidas técnicas, aquellas que son inevitables en una red que abastece a un millón de usuarios. Sin embargo, para pequeños municipios, resulta un desafío que implicaría subidas de las tarifas impopulares o la concesión del servicio, pero ni siquiera las compañías privadas quiere asumirlo por la insuficiente o nula expectativa de beneficio. “La única manera de que esta nueva ola de modernización llegue a estos municipios es ofrecerle incentivos y que estén unidos a una escala suficiente como para que puedan tener tecnólogos y técnicos que gestionen la red de forma descentralizada”, explica el catedrático de la Escuela de Ingeniería de Sevilla.

“El agua es un bien preciado y la única manera de gestionarla mejor es teniendo más información. Si tenemos agua para cuatro años y conseguimos con la digitalización ahorrar un 20%, al final tendremos agua para 5 años”, resume González Carvajal.

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