Jue. Abr 25th, 2024

Son dos formas de narrar, de concebir, historia criminales francesas: La paz de Marsella (Netflix), creada por Kamel Guemra, es callejera, extrovertida. Follow (Calle 13), de Florian Spitzer, es intimista y las dos series aceptarían la definición de misterio que dio en su día André Bretón, un decidido partidario de la novela negra: “El viento soplando con fuerza en el suburbio”. Son también dos estilos distintos. En la serie marsellesa predomina la acción, las persecuciones y las drogas. Se podría decir que es analógica. En la parisina predomina lo digital. Es más, los mensajes en los móviles y en las redes sociales adquieren un protagonismo fundamental.

Naturalmente, ninguna serie que se precie puede eludir el amor, y menos si la historia es francesa. Lo peculiar en los dos casos es que las relaciones sentimentales son peligrosas o, como diría John Huston, un paseo por el amor y la muerte. En La paz de Marsella, un grupo especial de policías liderados por el agente Lyés y con la incorporación de Alice Vidal, una policía de la Interpol con secretas y complicadas intenciones, tratarán de que el caos y la sangre no inunden la ciudad portuaria. Algún día alguien debería sugerirles a los guionistas que no es obligatorio tener una infancia traumática para definir a un personaje, que se puede ser eficiente o inútil sin necesidad de haber sufrido algo terrible en sus primeros años.

Marie Colomb en una escena de ‘Follow’.

En Follow la reina es la tecnología digital. La joven Léna trabaja en el departamento de comunicación de la Jefatura de Policía de París, un departamento integrado por tres personas dos de las cuales son radicalmente holgazanas. De hecho, la única que se responsabiliza de la imagen online de la Jefatura es la joven, acosada, eso sí, por un antiguo novio incapaz de reconocer el final de la relación y por un asesino en serie que ha decidido utilizarla como conexión con el mundo civilizado, una decisión que sólo acarreará problemas a la joven. Y aquí los guionistas han decidido dejar un reguero de sospechosos asesinos que, por supuesto, no lo son. Si la solitaria e inexpresiva Léna es una dama a un teléfono móvil pegada, al fin y al cabo es su trabajo, los tres guionistas de Follow no ocultan su rendida admiración por los Macguffin, los trucos, de don Alfredo. Dos formas de narrar y producir tramas policiales aceptables y entretenidas.

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