Jue. Abr 25th, 2024

La nueva estrategia defensiva de Ucrania, motivada por la escasez de munición de artillería y el cansancio de sus combatientes tras la fallida contraofensiva de la pasada primavera, todavía no ha dado sus frutos. Desde su retirada de Avdiivka (Donetsk, en el este del país) el 17 de febrero, las tropas de Kiev han seguido poco a poco cediendo terreno a los rusos. Sin embargo, mientras perfeccionan su nuevo plan de contención frente a Moscú; desde la fecha mencionada, las defensas antiaéreas del país han logrado un sorprendente éxito: derribar 13 aviones militares rusos, entre ellos uno de alerta temprana y control aerotransportado, diseñado para fijar objetivos en tierra y avisar de la salida de misiles tierra-aire a los bombarderos rusos mientras ejecutan sus ataques.

La buena racha antiaérea de Ucrania se inició el mismo día que se retiraron de Avdiivka, cuando dos cazabombarderos rusos Su-34 y un caza Su-35 fueron derribados en el este del país, según informó Mikola Oleschuk, comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Kiev. Desde entonces, los aviones rusos no han dejado de caer; así, otros ocho Su-34 han sido destruidos y un Su-35 más. Según el think tank estadounidense Institute for the Study of War (ISW), las pérdidas son significativas para Rusia, ya que su fuerza aérea contaría con unos 300 aviones de combate de estos modelos.

A las pérdidas rusas se sumó, el 23 de febrero, un A-50, un avión de reconocimiento equipado con un radar cuya función es guiar a los pilotos de combate entre las defensas antiaéreas ucranias y señalar los objetivos que deben destruir sobre el terreno. Además, el Beriev A-50, fue destruido en territorio ruso, a gran distancia de Ucrania, entre las ciudades de Rostov del Don y Krasnodar. Según Kiev, se trata de uno de sus éxitos más importantes ―”un logro sin precedentes”― porque obliga a Moscú a alejarse del frente para desplegar estos aviones, que apoyan a los de combate; dificultando así la labor de estos últimos. El portavoz de la Fuerza Aérea de Ucrania, Yuri Ignat, ha asegurado que, desde el derribo del A-50, los rusos no han vuelto a colocar una aeronave de este tipo sobre el mar de Azov, donde operaban habitualmente. También ha sugerido que su caída obliga a los cazabombarderos y cazas a acercarse más a sus objetivos, con el consiguiente riesgo para el Kremlin de que sean alcanzados.

Bombas guiadas

El Su-34 es un avión de ataque y cazabombardero biplaza de largo alcance fabricado por la compañía estatal rusa Sukhoi. En la ofensiva terrestre que conducen desde diciembre, los rusos lo utilizan como bombardero táctico para apoyar a sus batallones en el terreno. Estos aviones de combate son los que lanzan las bombas guiadas que han generado importantes daños a las tropas ucranias durante las últimas semanas. El Su-35, diseñado por el mismo fabricante, es un monoplaza mucho más pequeño, ágil y maniobrable. Por eso, el derribo de dos de ellos ha sido especialmente celebrado por Oleschuk.

A pesar del golpe recibido en las últimas semanas, los pilotos militares de Moscú no se han detenido. Las fuerzas rusas, según los analistas del ISW, parecen estar dispuestas a correr el riesgo de perder nuevos bombarderos para lograr los avances que, muy poco a poco, están logrando en la región de Donetsk, tras la salida de Avdiivka y el abandono de las tropas de Kiev de su estrategia de avance para concentrarse en la defensa del territorio que controla, reduciendo la pérdida de material, ahorrando munición y asegurando la vida de sus combatientes.

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La superioridad aérea rusa es uno de los puntos débiles de Ucrania. De ahí que Países Bajos y Dinamarca se hayan comprometido a entregar a Kiev cazabombarderos F-16; el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha asegurado que su país espera recibirlos a mediados de este año. Los acuerdos para recibir las aeronaves incluyen entrenamiento y formación para los pilotos ucranios en países occidentales con la finalidad de que aprendan a operarlos, así como cooperación en el mantenimiento y reparación de estas aeronaves. En noviembre, Zelenski aseguró que sin el control del cielo, Ucrania no podría recuperar el territorio que sigue ocupando Rusia. “En 2024, la prioridad es expulsar a Rusia del cielo”, aseguró en enero el ministro de Exteriores ucranio, Dmitro Kuleba. A lo que agregó: “Aquel que controle el cielo determinará cuándo y cómo va a acabar la guerra”.

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