Jue. Abr 25th, 2024

Cuento calorías con la misma facilidad que un tahúr cuenta cartas, es la consecuencia de haber pasado media vida a dieta, a dietas, he empezado decenas, excepto la lógica: comer moderadamente y hacer ejercicio. Eso es aburrido, yo quiero adelgazar sin renunciar a las cañas y el sofá. No lo hago por salud, puntualizo, sólo por estética. Soy de las que los lunes considera que debe pesar dos kilos menos y lo olvida a medida que se acerca el viernes. Hay dietas divertidísimas, una permitía beber whisky a destajo; en otra pasabas tres días comiendo melocotón en almíbar, mi favorita consistía en colocar unos granos de arroz en un vaso de agua, dejarlo una noche a la luz de la luna y beberlo al día siguiente. La mayoría fueron efímeras, hoy apenas se menciona la Dukan, pero durante meses media España se alimentó de avena y cacao desgrasado. Las hay espeluznantes, como la que sugiere ingerir una larva de tenia solitaria, hay que estar muy desesperado para plantearse comer un parásito, pero para muchos adelgazar no es un capricho, es una necesidad, y están dispuestos a creerse cualquier sandez.

La mayoría tiene orígenes ignotos. La de los puntos circulaba mecanografiada y fotocopiada, así de antigua es; también la receta de la sopa quemagrasa que promete perder ocho kilos en una semana. Un disparate. El problema llegó cuando empezaron a tener apellido, a llegar avaladas por famosos, sin especificar que tras los supuestos resultados milagrosos hay una trastienda que no se muestra y un equipo médico que supervisa.

Oprah Winfrey ha vuelto esta semana al horario estelar para deshacerse en elogios sobre los fármacos adelgazantes, si lo hace por los kilos perdidos o por los kilos ingresados en cuenta ella sabrá, pero un gran poder mediático conlleva una gran responsabilidad. Me saltan las alarmas cuando Santiago Segura habla de ayunos de 36 horas y Florentino Fernández de “agua estructurada”, una superchería similar al agua imantada que hizo furor en los noventa. Detrás de cada dieta milagro hay alguien llenándose los bolsillos y un famoso que ha perdido peso de manera ostensible es la mejor carta de presentación para cualquier producto. Las fruterías se desabastecieron de alcachofa gracias a Rocío Carrasco, Kourtney Kardashian anuncia cápsulas de placenta y su hermana Kim, piruletas saciantes. En el Reino Unido han intentado prohibir esos anuncios, tal vez bastaría que incluyesen una advertencia: no lo intenten en su casa, usted no es tan rico como para permitirse ser tan idiota.

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