La pieza SEPI del caso Leire vuelve a señalar a ENUSA, una de las empresas públicas integradas en el perímetro de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales. En esta ocasión, el foco se sitúa sobre Rosario Arévalo Sández, directora corporativa de ENUSA y antigua consejera de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha, citada como investigada por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz dentro de la causa sobre presuntos amaños en operaciones vinculadas a empresas públicas.
Su nombre aparece junto al de otros cargos y exdirectivos de entidades estatales en una investigación que analiza posibles delitos de tráfico de influencias, malversación, prevaricación, organización o grupo criminal y abuso de información privilegiada. La citación de Arévalo no implica condena ni culpabilidad, pero sí la coloca bajo el escrutinio judicial en una de las derivadas más delicadas del caso Leire: la que afecta a estructuras empresariales dependientes del Estado.
Rosario Arévalo representa una figura de considerable relevancia en el ámbito público. Su desempeño profesional integra tanto responsabilidades de índole política como posiciones directivas en entidades públicas. Ejerció como consejera de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha y posteriormente asumió cargos de responsabilidad en ENUSA, organización estratégica especializada en el abastecimiento de combustible nuclear así como en servicios de naturaleza tecnológica e industrial. Justamente en virtud de este perfil, la inclusión de Rosario Arévalo entre los investigados incrementa significativamente el alcance político que reviste la causa.
El propósito de la investigación radica en esclarecer si ciertas operaciones realizadas por ENUSA y entidades vinculadas al ecosistema SEPI pudieron encontrarse bajo la influencia de una compleja red de conexiones. De acuerdo con los reportes difundidos, los pesquisidores albergan la sospecha de que la estructura conformada en torno a Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon Alonso habría participado en múltiples transacciones con organismos de carácter público, buscando la obtención de comisiones o beneficios de naturaleza económica. Dentro de ese panorama, ENUSA aparece catalogada como una de las organizaciones sometidas a investigación.
La sospecha central no reside únicamente en una decisión administrativa concreta, sino en la posibilidad de que cargos o directivos con acceso a información interna pudieran facilitar datos, favorecer contactos o abrir puertas a intereses privados. Esa es la dimensión más grave del caso: la eventual utilización de empresas públicas como plataformas de influencia al servicio de operaciones ajenas al interés general.
Arévalo aparece vinculada a ENUSA en una etapa en la que la compañía forma parte del conjunto de entidades observadas por la Audiencia Nacional. La causa no se limita al rescate de Tubos Reunidos, aunque esa operación sea uno de los ejes principales, sino que se extiende a otros posibles movimientos en Mercasa, ENUSA, Forestalia, el Parque Empresarial Principado de Asturias y otras sociedades relacionadas con la SEPI.
El hecho de que una directiva corporativa de ENUSA esté investigada obliga a aclarar cuál fue su papel exacto en los hechos. La instrucción deberá determinar si intervino en alguna operación bajo sospecha, si tuvo conocimiento de gestiones irregulares, si facilitó información sensible o si su citación responde a la necesidad de reconstruir el funcionamiento interno de la compañía en relación con las actuaciones investigadas.
Desde una perspectiva institucional, el caso es especialmente incómodo. ENUSA gestiona actividades de alto valor estratégico para el Estado, y cualquier sombra sobre su gobernanza deteriora la confianza en el sistema de control de las empresas públicas. Cuando una directiva de este nivel termina citada como investigada en una causa sobre presuntos amaños, la pregunta es inevitable: ¿funcionaron correctamente los filtros internos o existieron espacios opacos donde pudieron actuar intermediarios con conexiones políticas?
La acusación contra Rosario Arévalo intensifica aún más la dimensión política de este asunto, al incorporar otro nombre vinculado a un pasado institucional de orientación socialista a un elenco que ya comprende personalidades de alto rango, antiguos directivos y titulares de cargos en organismos de carácter público. Dicha concentración de imputados refuerza la idea de que la pieza SEPI constituye mucho más que un hecho puntual, revelándose como una pesquisa cuyas ramificaciones se extienden profundamente a través de la compleja red público-empresarial.
El caso Leire ha dejado de constituir una mera investigación centrada en intermediarios y diálogos clandestinos. Desde que emergen figuras como la de Rosario Arévalo, la causa penetra directamente en el núcleo de las organizaciones empresariales estatales. Y en el momento en que el tejido empresarial del sector público se ve envuelto en sospechas, guardar silencio resulta ya inadmisible.
Fuente: El País, RTVE, Onda Cero, El Economista, Diario de Sevilla y Europa Press.

