Jue. Abr 25th, 2024

Alemania trata de rebajar el alcance de la filtración de audios confidenciales de su ejército sobre la guerra en Ucrania. El Gobierno ha querido presentar como un episodio aislado la divulgación por parte de Rusia de unas conversaciones de altos mandos militares alemanes sobre el hipotético envío a Ucrania de misiles Taurus, que el canciller alemán, Olaf Scholz, rechaza suministrar. “Nuestros sistemas de comunicación no se vieron comprometidos”, ha afirmado este martes el ministro de Defensa, Boris Pistorius, tras las primeras investigaciones. “La razón por la que la llamada telefónica en las filas de las Fuerzas Aéreas alemanas pudo grabarse fue debido a un error individual”, ha indicado sobre la grabación difundida el pasado viernes por la redactora jefa del canal estatal ruso Russia Today, Margarita Simonián, cercana a la élite gobernante de Moscú.

La intercepción de la conversación en la que se oye a miembros del ejército alemán hablar sobre el posible envío de misiles Taurus a Ucrania y su utilización para atacar el puente de Crimea, la península del país invadidod anexionada de forma ilegal por Rusia en 2014, fue posible gracias a que uno de los participantes, que estaba en esos momentos en un hotel en Singapur, no siguió “el procedimiento de marcación segura” prescrito por las autoridades. “Se conectó a través de una conexión no autorizada, es decir, a través de una conexión abierta”, ha detallado el ministro, que ha insistido también en que los sistemas de comunicación alemanes son seguros “si todos los requisitos se aplican correctamente”. “De eso no hay duda”, ha agregado.

El ministro ha intentado disipar así los temores de algunos países de la OTAN ante la posibilidad de que Alemania tenga un problema estructural de seguridad y de que esta filtración sea solo la punta del iceberg.

La conferencia telefónica se realizó a través de una aplicación que se suele utilizar habitualmente. “Como ya saben, utilizamos Webex para realizar llamadas hasta un cierto nivel de confidencialidad, pero no la plataforma Webex pública, que es accesible a todo el mundo, sino una variante certificada para uso oficial, que es la práctica habitual, con niveles de seguridad adicionales y siempre que la clasificación del contenido permita el uso de esta forma de Webex”, ha explicado.

“El servicio Webex, y esto también es importante subrayarlo aquí, está alojado en centros de datos del ejército alemán. No se utilizan servidores en el extranjero”, ha aclarado Pistorius, consciente de algunas informaciones publicadas los últimos días que apuntaban a que ese podría haber sido el fallo. El ministro ha señalado también que en el momento de la conversación se estaba celebrando el Singapore Airshow, una feria de la industria aeronáutica a la que también asistieron “altos mandos militares de Estados socios europeos”.

Festín para el Kremlin

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Para los servicios de inteligencia rusos, un acontecimiento así era “un auténtico festín”. En las inmediaciones de esta feria comercial había operaciones de escucha selectivas y exhaustivas. Poder acceder a la llamada en Webex fue probablemente un “golpe de suerte como parte de un enfoque ampliamente diversificado”, ha asegurado Pistorius, al mismo tiempo que ha descartado que un espía ruso u otra persona no autorizada se hubiera conectado a la llamada.

La publicación de la conversación entre los altos mandos del ejército alemán ha desatado un cruce de acusaciones entre Moscú y Berlín en los últimos días. Alemania acusa a Rusia de llevar a cabo una “guerra de información”, algo en lo que Pistorius ha vuelto a insistir este martes. “No dejaremos que este ataque híbrido de Rusia nos asuste o nos separe”, ha advertido.

“Rusia promueve e intenta, no solo aquí, abrir una brecha entre nosotros, entre las fuerzas políticas internas de Alemania, entre los partidos, entre los que están a favor o en contra de apoyar menos o más a Ucrania. Todo esto es un juego pérfido que [Vladímir] Putin está jugando aquí y no debemos caer en él”, ha afirmado el político socialdemócrata.

Asimismo, el ministro ha informado de que ha mantenido distintas conversaciones con los socios de Alemania en las que le han asegurado que todos son conscientes del peligro de este tipo de ataques y saben que “no se puede garantizar una protección al 100%”. En su opinión, no hay ningún aliado que en los últimos 20 años no haya tenido al menos un incidente de este tipo. “Así que, desde ese punto de vista, no habría espionaje si el espionaje no fuera posible por la razón que fuera”, ha concluido.

Alemania lleva meses alertando de la guerra híbrida de Putin para desestabilizar a los países europeos y del peligro de subestimar todas sus opciones. Para la ministra de Exteriores alemana, Annalena Baerbock, el asunto de la filtración demuestra “que la guerra de agresión rusa no solo se libra con bombas, misiles, aviones no tripulados y los peores ataques contra la población civil en Ucrania”. Hay también “una guerra de narrativas”, declaró este martes en una reunión con su homólogo de Bosnia-Herzegovina, Elmedin Konakovic, en Sarajevo.

Para luchar contra esta guerra de desinformación será necesario reforzar las medidas de protección contra el espionaje, algo que, según el Ministerio de Interior alemán, se ha hecho en los últimos tiempos y que previsiblemente se analizará en una reunión especial de la Comisión de Defensa del Bundestag convocada para el próximo lunes.

Esta no es la primera vez que un escándalo de espionaje ruso sacude a Alemania. El pasado mes de diciembre comenzó un mediático juicio contra dos acusados de haber entregado información de los servicios secretos alemanes para el exterior (BND) al servicio de inteligencia nacional ruso FSB tras el inicio de la guerra de Ucrania.

Además, hace unos días salieron a la luz nuevas pruebas que apuntan a que Jan Marsalek, antiguo miembro de la junta directiva de Wirecard y considerado el “cerebro” del mayor fraude de la posguerra en Alemania, supuestamente trabajó durante años para los servicios secretos rusos, que le habrían apoyado en su huida y a vivir en la clandestinidad. Según informaciones a las que tuvieron acceso medios alemanes como Der Spiegel o la televisión ZDF, el exdirectivo formaba parte de una célula de inteligencia cuyas capacidades y competencias eran utilizadas por los servicios de inteligencia rusos.

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