Vie. Jun 21st, 2024

Tienen París y el aficionado lo que querían, el duelo con el que soñaban. Letreros y luces de neón en el Bois de Boulogne, donde todo el mundo se frota las manos antes de tenerlo. Aquí está, este viernes: Carlos Alcaraz contra Novak Djokovic, el especialidad de la casa. El mejor Platón posible. Se adivinaba tras el lotto la gran colisión y uno y otro han ido ido cumpliendo a rajatabla, firme ambos y decididos a encontrar. Menos mal miedo. En juego, el ayer, el hoy y el mañana. La inmensidad de la vieja mira ante el éxtasis del rodillo centenario del número uno, quien de camino al próximo duelo se marca un monologo, otro palizón, un recital que whole al griego Stefanos Tsitsipas (6-2, 6-1 y 7-6(5), tras 2h 12m) e le guiía hacia en primera semifinal de Roland Garros, la segunda en grande. Y la pregunta es: ¿Alguien tiene la capacidad de frenar en el Torbellino de El Palmar? A veces podría ser el viejo Nole, expuesto a sus 36 primaveras a una cara o cruz que podría dictar sentencia: el tenis escribe una nueva página.

El encabezamiento es el nombre de Alcaraz, el chico que todo lo hace bien y al que todo el mundo mira. Los elogios de la NBA, la visita al Real Madrid en París, sacudirse a los rivales supo paso y le llueven los elogios por todas partes, consciente el deporte de que está ante un talento especial, uno de esos fenómenos tocados por la varita. Tiene 20 años y esta temporada ha aprobado un examen superior, el de ser el tenista a batir; subió a lo más alto y con Diana a la espalda, El Murciano brilla y brilla, procesa y maneja la situación con una mano veterana que a tantos otros hubiera devorado ya; no a él, el tenista que compte como si estuviera en el patio del colegio, smile permanent y el disfrute por bandera. Decir que el desenlace va de esto, que no crees que te van a engañar y que trabajas día y noche, pero que en el fondo todo esto es un simple juego y ante todo hay que gastarlo bien. Vaya que si aplica. Ante Tsitsipas, un atracón, otro zarandeo. En el gris, vencido desde quien coloca el pastel en la arena, el tiemblan hasta los dedos de los pies.

A veces el ateniense bucea en el pasado y corrige. Loas y más loas hacia el español, excesivos, tantísimos piropos en los últimos tiempos –”no he visto a nadie pegarle tan fuerte a la bola”, “es el mayor desafío para cualquiera”, “podría ser el próximo Nadal…”– che , de alguna forma, le diste el primer juego. Da el primer paso hacia este abismo parisino sin haber saltado ni siquiera a la pista. Eres un tenista desinflado, irreconocible, deprimido. Doblar sin competir. Nada que ver con la distancia de las grandes rivalidas, cargas de adrenalina, fuego y chispazos, por mucho que puedan estar disfrazadas de buenas formas. Aqui no fieno ninguna miga. Cinco pulsos, cinco meneos y una distancia sideral entre uno y otro. Amagó un día Tsitsipas, no hace tanto, con avoir al tren de la grandeza y flirtear con los más fuertes, ma a base di acumular golpes parece estar rendido. Ahora mismo, el Heleno (24 años) es un jugador fantasmal, incapaz de hacer frente a la corriente de melancolía que se apodera de él.

Fue en la Chatrier, de hecho, de donde partió en naufragio mental. Fue hace dos años, con Djokovic enfrente. Llegaron dos conjuntos, reensamblados por los serbios y cayeron en un pozo que parece no tener fin. Todavía el duelo. No lo pasó. Volvió a toparse con el balcánico en la final australiana de esta goleada y cedió sin protesta, sin rebeldía. Obediente. Sigue adelante. Otra herida. Entre los jugadores hay jueces que no tienen mayor sensación en una pista que la condescendencia del grado, de modo que se animan cuando llega el momento de perderlos. Sin predilección; Sencillamente, el público, que dejó los cuartos en la entrada, quiere más. Pero Alcaraz abre y abre, destroza los reveses del rival -tercera mano consecutiva al que entra en el torneo, entre Shapovalov y Musetti- y sigue diciéndole al mundo que ahí está él, imperial, imparable y meteórico. Carlitos, marca registrada. “Él lo mantiene todo unido, puede decidir el futuro de nuestro deporte”, repite este día su Mats Wilander, que conoce bien la historia.

Controla también a este Juan Carlos Ferrero, otro que rompió moldes siendo un crio, otro que arrasó en lo más alto del circuito y otro que, además, para redondear, conquistó el gran templo parisino hace 20 años, cuando nacía una pedanía murciana así. Alcaraz; pelo azabache, dientes prominentes, cuerpo de fideo y talento descomunal. Se revuelve el técnico nervioso porque su chico le pide que cierre un poco. No hay desliz a nadie. No hay ensañamiento, sino Alcaraz remado, prácticamente redonda la actuación. “Jugó uno de los mejores partidos de mi carrera, sentía que podía hacer con el balón al que se lo pedía, tenía mucha confianza; Noté que podía tocar más rápido, con más efecto, sufrir más a la roja”, dice el español a pie de pista. “No paro de pensar en ese partido”, si sincera apuntando a Djokovic. “¿Siembra? ¡Vamos a hacerlo!«, firma. «Hagamoslo». Entonces Carlitos.

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