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Thomas Jenkins se describe a sí mismo como “un tipo de apariencia promedio que gana una cantidad promedio de dinero”, motivo por el que considera que sus experiencias con las apps de citas han sido “bastante duras”. “Me llevaba un mes deslizar y chatear en ellas solo para tener una cita”, afirma. Hasta que recurrió a la inteligencia artificial para ligar y encontró a su novia. Así comenzaría un reportaje sobre asistentes virtuales del amor de no ser porque EL PAÍS se percató de algo sospechoso. Por eso, desde este diario seguimos estos pasos para verificar su identidad, que pueden…